Tuesday, June 09, 2009

Otoño con una esquina rota

Son sus tiempos lo que me cautivan de usted Mario. No interprete mis palabras como un sarcasmo que cosquillee ni lejanamente su dignidad. Son sus tiempos los que me resultan lejanos e imposibles. No crea que estamos lejos de perder la primavera, que existe con mejores colores en su Montevideo. No se trata de eso. Es otoño y esto es un intento de conversación.


Apenas un cerrito y toda la ciudad se llama así. Cuanta generosidad hay en Montevideo, Mario. Son sus tiempos, su tranco, es la forma en que ata el cigarro. Es la cadencia en que las micros giran y la curva de su espalda cuando le dice a su hijo que no le puede enseñar la tabla del tres antes de irse a la escuela. Es la manera en que la picana se cuela en su presente, y la ira en que le doblamos la punta cuando lo escuchamos.


Si hubiera sido mi vecino lo habría ido a ver. Como estaba en Montevideo no pude y me quedé con carpinteros mueblistas, el zapatero, la señora de los dulces, el arreglador de bicicletas y mi amigo del kiosco. Pero sí lo conocí, y no sólo yo. Las niñas de mis ojos también. Siempre, respetuoso, puse su nombre y no disimulé su identidad como sí lo hice con Bécquer. Pero a ese lo han suplantado tantos que ya ni le debe importar. Chau número tres, le dije la primera vez que me dejó, tieso como un árbol que la seguiría observando toda la vida a la espera que volviera.


Y volvió. Por eso lo fui a ver y quise ser su pueblo. Quise a las todas, a las avellanedas, a las negras de pechos selváticos, ser uno más en ese fortín de civilidad, en esa promesa latinoamericana cumplida. Busqué lustrabotas, niñas, calles, bares, cualquier cosa con tal de vivir en el arrullo del sol clemente, de insuflar mi libidinoso ímpetu de esa costa eterna, suave, amarilla, morena.


Pero la estampa de Montevideo el viejo, lo guardaba en un arcano departamento que no pude ver desde ninguna de sus terrazas, por más que aguanté la lluvia y el viento. Lo olfatee y salí a buscarlo de contragolpe, de mediapunta, con cautela, de wing derecho y back forward, pero entre tanta monumentalidad nada. Hasta que lo hallé.


Estaba en todos lados, pero lo descubrí en la pausa cósmica del ciclista que mate en mano, le hace una finta a la galaxia y saluda con un “adió” al estacionador de autos que se queda más atrás, en esas calles que intentaba desgastar para seguir en la nebulosa montevideana. Nebulosa para la claridad chilena que padezco, llena de otros tiempos. Ni las sílabas guardan el mismo compás en su voz, en sus bellezas de infancia y en sus horrores primos de hombre grande, de presente futuro que viviremos a pesar de su optimismo taciturno.


En la comodidad del confort chileno viene ahora y nos mira para decir que se va. Desde un estante antiguo, nos indica como otros el camino fuego, huella, el no patrón, el sí mi amor, el golpeteo de la barriga y el bigote con suspensores en cadera que aguarda al jubilado con los ojos vivos.


Ojos que no cambiaron la rabia y la consternación, la letra impresa en donde las brujas del tirano y sus acólitos del ritmo ni siquiera buscaron un pedazo para secar el piso con su letra viva. Estaba en otro tiempo, en otra noción de patria, en otra pared contemplando con un amigo esa plaza que no puedo robarle. Me quedo con mis esquinas por remendar, con su sonrisa y su clase copada de lucha, con su invitación permanente a abolir la pesadumbre, que a pesar de su insistencia, siempre se le puede tirar el gran maleficio, aún cuando acudamos al viejo oficio, pues “para no sucumbir ante la tentación del precipicio, el mejor tratamiento es el fornicio”.

Sunday, January 11, 2009

A while

Las noches de domingo nunca han sido particularmente deliciosas. No es que uno pueda evitar pensar en el otro día, en la pesadumbre que acarrea eso que simplemente es la vida diaria, pero que por un rato llamado sábado y un poco del séptimo parece ser como una vida de marcianos. Los días domingo salir del diario a las 2 de la mañana en un Valparaíso vacío, oscuro, con perros correteando lo que sea; domingo de terminal y calles barridas por la grasa y acariciadas por envoltorios de otros que ya se fueron; domingo de ausencia en la noche del verano chileno.

El año parece que terminó y el continuo en que se deslizaban los días me han hecho marcar el inicio del 2009 por un decreto mental y por fuegos que explotan en la cabeza diaria. Todo es continuo, el noticiero "24 horas" transmitirá las 24 horas. Semejanto gasto carece de cualquier sentido esperanzador. Para qué semejante violación cerebral, para qué esa obviedad inquebrantable. ¿De qué sirve saber que en Gaza muere uno tras otro, a veces de a lote? Es realmente duro saber que uno no puede hacer nada. Y es más duro que casi nadie haga nada, y que eso sea normal, 24 horas de información mediante.

El continuo que ha terminado por concentración de fuerzas y por la obligatoriedad sana del círculo que demarca su rodar, revela en sus alegrías iniciales las penas con las que no se descansan. Las penas que son más penas cuando acaban con el aliento personal, ese que una vez subía como jardín de ninfas en el pestañeo, en el teclado, en el movimiento, son el voy de mi 2009.

Thursday, September 11, 2008

Paris can be anywhere

My feets are complaining, and my shoulders too. It's weird to write in english but she deserves an explanation. Sorry if my imagination was far beyond, and that goes for you too first N. This text goes for everyone, but specially for you second N, the one from far away. So you like that Bersuit song. Well, Bald Cordera was way to inspired to write it, and I was very inspired to see you that far. Mario Benedetti once wrote "any city can be another one" and I really belive that, in a relative way, but I believe on that. Songs, concerts, cinema shows, like that one beneath the bridge. How nice was that. Music from the buses, the railways, from a plane, from a street musician. How nice could have been? How not nice was and how barely nice was on a few moments. Moments of a time that wasn't. Moments of the time of forever no more. How nice was that delightfull tower close to your job. Excuse me if you were the difficult part and side of my dream.
I'll keep walking... looking for, 30's or 29's, here I go again, here I go quiet, excited. Here I go. Don't expect too much, I don't know what will happen.

Saturday, May 17, 2008

Apuro

Ya no me llamen
Faltan 10 minutos
Desde cuando tanto apuro
La vida no es ceremonial ni protocolo
Qué mierda importan 10 minutos
No es ni mi boda
y si fuera así
¿No sería un lindo golpe?
No, no le pienso pegar a mi esposa si ni me voy a casar.

Ya voy a llegar
Por qué tanto ruido
Por qué tanto telefonazo
Desde cuando nos hicimos idiotas y
nos pusimos a cronometrar los sentimientos.

Y lo peor es que ni me hablan cuando los veo
Ni me hablan después de los 132 segundos.
Como si la compañía les enviara de algún lado la boleta de sobrecargo.

Menos mal, para ti,
Que hablas con Dios nomás
De otro modo estarías cagado
Apura esos padre nuestro igualmente,
No vaya a ser que empiecen a tarifar.

Y usted
Ya no me cobre tanto
Que el 10 por ciento más.
Sí sí sí, sé que ayudo a gente que no conozco.
Y la base de la solidaridad social
Qué carajo
Usted trabaja como 15 horas y me mira feo
Si no le doy 3 pesos para el socorro perpetuo de Dios

Usted es el idiota, yo no.

Tuesday, April 01, 2008

Puerto de embarque

Preludio

Dos barras largas
se ponen en paralelo.
Kilómetros.
Toneladas de acero.
Se miran entre sí
enfocan
y parten.

Prólogo

Corto y duro.
Laceran
de arriba hacia abajo
lo suficiente para dejarlo vivo,
pero para matar todo a su paso
y hacerme sentir de los hombros
hasta las rodillas,
sin piedad.
Rompen carnes.
Es su trabajo.
No pretenden hacer cortes finos.
Su único afán es hacerme gritar,
pero primero lo primero.

Parte 1

Me desencajan los brazos
y todo lo que pilla a su paso
ya ha dejado de ser.
Mi cuerpo y mis carnes juntas,
con las mismas que corría
en los pastos cuando niño
ya no existen
ni van a ser igual.
Se esparcen por ahí.

Parte 2

Estoy sentado en este lugar
a un costado tuyo.
Me quedan tres días de vida junto a ti
y es seguro que no te volveré a ver.
Tú no lo sabes,
me preguntas qué pasa.
Yo pienso en mi familia
enclavada en una de esas clases
que gustan describir los sociólogos
contemporáneos
como pujante

pujante...

pujante...

pujante...

Parte 3

Quizás mis hijos
o mis nietos,
si es que los tengo,
puedan estar mañana sin sentir
estos carriles de pena,
estos carriles de desilusión,
estos vagones que tiritan pesados
en mi pecho.

Parte 4

No tengo ni con qué llorar.
Ya ni me puedo conmover.
(ni intentar hacerlo contigo)
Sólo sé que estoy a tres días de dejarte.
Mas bien, sólo sé que estoy a tres días de no verte.
Los barrotes de las cárceles
se parecen mucho a estos
rieles ¿sabes?

Epílogo

Tendrían que estar sobre mí,
cargándome todo el tiempo,
con paredes de concreto arriba,
devolviéndome a mi punto de partida
diciéndome que no soy de aquí
y que no puedo cumplir los sueños.
O que sí,
que puedo sumplir los sueños,
pero que siguen siendo sueños
y el tiempo finito
sigue acabándose.

Acabándose como mirarte del aeropuerto
y decirte adiós.
Acabándose
sin siquiera llegar a ese aeropuerto,
sin siquiera decirte adiós desde antes,
Porque no puedo.

Aeroparto

Tu allá y yo acá
con la mochila
¿Me ayudarías a quitármela?
¿Me ayudarías a darme un vaso de agua?
Yo que me imagino cómo será tu parto
y tu que podrías ser perfectamente un aviso publicitario.

Me dejas(te)

¿O te deje?
Me levanté en la mañana
y no había nada.

Ojos con lagañas
migas esparcidas
mesa y desayuno
Mudos testigos del hambre y el apuro.

La leche ida
La mermelada igual
No queda nada.

Y mira qué poco nos va a quedar así
Si somos pobres
Y estas lagañas no me las saco ni a chorro de manguera.

¿Sabes que haré?
Barreré las migas a mi mano
Las calentaré un poco y buscaré una bolsita de té.

Que ¿No hay?
Te dije clarito ayer
Si te comías todo
al menos dejarás te ¿No?

¿Me dejas té? pregunté sarcástico
y no lo hiciste.

Yo té deje siempre
Tú a veces.

Si somos pobres
Y sabemos tomar desayuno.
Para otra vez deja té
Por último para sacarme
la mugre de los ojos.